Las adicciones sin sustancia, no obstante, no se limitan a la adicción a las nuevas tecnologías, sino que son todas aquellas "en las que no hay una droga al uso, como el alcohol o el tabaco, sino que es una conducta". En todos los casos, lo ideal es que la prevención se efectúe "en tres vertientes: la escolar, la individual y social, y la familiar".
Muchos padres, docentes y amigos me escribieron recientemente para conocer un poco sobre problemas que estaban teniendo con adolescentes y jóvenes. Recientemente en el congreso internacional en el que participé en Lima “Jóvenes, TICs y Salud” promovido por el IES (Instituto para la Educación y la Salud), también discutimos sobre esta problemática y en torno a la responsabilidad de quienes nos estamos abocando a esta temática de mantener una visión amplia en la repuesta que no solamente abarque a lo psicológico, sino que aporte desde la visión, sociológica, antropológica y desde la función informacional-comunicacional de estas herramientas.
Algunos tips
Mínimamente nos pusimos de acuerdo en que la adicción a la Internet son una categoría que agrupa a una serie de desórdenes relacionados, a saber:
· compulsión por actividades en-línea o por medio de celulares
· compulsión por descargar contenidos y utilidades sin importar los costos de acceso o a sabiendas de no poder pagarlos
· intercambio de información personal sin seguridad
· adicción al cyber-sexo
· adicción a los cyber-romances
· adicción a la computadora
La adicción a las actividades en línea incluye, la compulsión por: las subastas, la navegación Web, el juego de azar en línea.
La obsesión con la programación, con los juegos de computadora, así como la búsqueda compulsiva de sexo y relaciones disfuncionales a través de la Internet, forman parte de este síndrome.
El abandono de la vida familiar y/o social, el descuido de las funciones laborales, así como el deterioro de la higiene y salud física a raíz de la inversión de energía y el tiempo invertido en la adicción a la Internet, son algunos trastornos asociados característicos de este desorden.
Sin embargo, en cuanto a la forma de poder abordar cualquiera de estas situaciones sabemos que no hay una respuesta única y que mucho menos esta respuesta está relacionada con prohibir el acceso a Internet sino que se debe hacer una valoración de oportunidades y respuesta caso a caso proponiendo la integración positiva y el uso responsable de las tecnologías en el entorno social, educativo y familiar de los adolescentes y jóvenes.
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